Cien años del descubrimiento de la tumba de Tutankamón: el hallazgo que impresionó al mundo

Máscara de Tutankamón / Wikimedia
Este 4 de noviembre se cumplen cien años del gran hallazgo que revolucionó el conocimiento del mundo antiguo: la tumba de Tutankamón, en la que el arqueólogo Howard Carter halló un tesoro de valor incalculable compuesto por más de cinco mil piezas

Era la mañana del 4 de noviembre de 1922 y las cosas no parecían ir bien para el arqueólogo Howard Carter. Llevaba varios años excavando en Egipto el Valle de los Reyes, y pese al arduo trabajo, su labor parecía destinada a ocupar, simplemente, una nota a pie de página en los tratados de arqueología. Soñaba, sin embargo, con encontrar la tumba de un desconocido faraón llamado “Tut.ankh.amen” cuyo nombre había aparecido en unos fragmentos de cerámica hallados en 1909. Sin embargo, el tiempo pasaba y nadie parecía encontrar pista alguna de su paradero.

Pero ese 4 de noviembre, al fin, le sonrió la suerte. Por puro azar un guarda tropezó con una piedra y, al examinarla, se comprobó que esta daba inicio a una escalinata. Carter entonces se entusiasmó y ordenó la excavación del lugar, encontrando a continuación una puerta de barro cerrada por un sello que no parecía haberse tocado en varios siglos. Acababan de descubrir la entrada a la tumba de Tutankamón,

Fotografia del momento en que Howard Carter abre la capilla funeraria donde se hallaba la tumba de Tutankamón

Durante las dos semanas siguientes él y sus hombres siguieron excavando en busca de algo que confirmara el hallazgo, hasta que el 26 de noviembre Carter perforó un muro de mortero antiguo: era una puerta, como descubriría luego, con el sello funerario del faraón. El arqueólogo asomó la cabeza por el hueco y se quedó contemplando el lugar, iluminado por la luz de una vela. Entonces su compañero George Herbert le preguntó: “¿puedes ver algo?”. La contestación, de acuerdo al relato que dio el mismo Carter, pasó a la historia: “Sí. Cosas maravillosas”.

Aspecto de la antecámara de la tumba de Tutankamón nada más ser descubierta. Fotografía de Harry Burton (1922)

No era para menos. En las cuatro salas de la tumba se amontonaban más de 5000 piezas, entre ellas, el Templete canópico de Tutankamón, su trono real, dos ataúdes de madera dorada y otro de oro, camas funerarias, carrozas (una de caza, otra de guerra y dos de desfile), armas, bastones, una trompeta, remos para la “barca solar”, frascos de perfumes, lámparas decoradas e incluso flores que se destruyeron al tocarlas los visitantes. Además de, por supuesto, el mayor hallazgo de todos, la máscara funeraria de Tutankamón, de oro macizo. De hecho, tal era el volumen de objetos, que Carter tardó ocho años en vaciar por completo el lugar.

Carter examinando el sarcófago de Tutankamón en 1923, meses después del descubrimiento

Aquel descubrimiento revolucionó el conocimiento de la historia de Egipto. Porque, pese a la escasa relevancia política de Tutankamón (murió a los 19 años, en el 1325 antes de Cristo, y según parece se le enterró de forma apresurada y sin la relevancia de otros faraones), el contenido resultaba, como dijo Carter, “maravilloso”. Era la primera vez que se encontraba un ajuar funerario de semejante calado, con todo lo que implicaba para la investigación y el conocimiento del pasado. Y eso que, pese a lo que se cree mayoritariamente, sí llegó a sufrir un saqueo importante. Empero, luego se selló de nuevo y todo quedó oculto, más aún, cuando se construyeron encima de la tumba las casas de los obreros del valle de los Reyes. Gracias a ello se puede hoy día imaginar todo lo que debieron contener las tumbas de hombres mucho más poderosos, como por ejemplo, Ramsés II.

El mecenas Lord Carnavon, su hija Lady Evelyn Herbert y Howard Carter en la entrada de la tumba en 1922

Con el descubrimiento del tesoro de Tutankamón se generó, además, una “egiptomanía” en todo el mundo.  Comenzaron a publicarse libros de historia antigua, así como novelas históricas (allí tenemos el best seller de Mika Waltari, Sinuhé el egipcio, de 1945), cómics y cuentos. Además, tras la muerte, cuatro meses del descubrimiento, del mecenas de la excavación Lord Carnarvon, se generó una leyenda en torno a “la maldición de Tutankamón” que inspiró, directa o indirectamente, numerosas obras y películas. De modo que hay pocos descubrimientos con una incidencia cultural y social de igual calado. Así, el olvidado faraón logró, irónicamente, la fama que nunca tuvo en vida, pasando a la posterioridad con la misma importancia de los grandes personajes de la historia. Hoy se cumplen cien años del hallazgo que posibilitó todo esto.

Trono de Tutankamón

Trono de Tutankamón