La ética en la medicina: el origen histórico del ‘juramento hipocrático’

Dibujo de Hipócrates

El documento original del llamado “juramento hipocrático”, escrito probablemente hace unos 2500 años, se convirtió en la base de la ética de la medicina, pues allí se establece la obligación moral de cuidar a los pacientes.

Fue Galeno quien en el siglo II señaló que había sido el médico Hipócrates (460-370) el autor de este histórico juramento, asegurando, además, que este lo habría redactado para enseñar a sus discípulos cuán necesario era cuidar a sus pacientes. Habría sido, pues, una más de las muchas aportaciones decisivas que el hoy día conocido como “padre de la medicina” había dado a la disciplina.

La afirmación de Galeno se dio por válida y desde entonces se conoció este texto como “juramento hipocrático”. Más aún, con la llegada del Renacimiento, cuando el  mundo clásico se convirtió en el gran modelo estético y científico. De hecho, en estas fechas el juramento empezó a utilizarse en distintas escuelas médicas como uno de los más importantes referentes éticos a seguir. Así, poco a poco, cada vez en más países, de forma ininterrumpida y hasta llegar a nuestros días.

Pintura mural del siglo XII que representa a Galeno e Hipócrates. Anagni (Italia)

Los orígenes de dicho texto, sin embargo, no están tan claros como afirmaba Galeno. De hecho, hoy día se considera muy improbable que fuera Hipócrates su verdadero autor. ¿Los motivos? Allí se establecen una serie de prohibiciones y afirmaciones –por ejemplo, el hecho de que se considere al cirujano como el único con derecho a utilizar el bisturí- que no concuerdan con las creencias atribuidas a Hipócrates. Además, resulta muy extraño que el texto se inicie con una invocación a las deidades griegas cuando Hipócrates se esforzó siempre para separar medicina y religión, buscando siempre para las enfermedades causas físicas y no sobrenaturales.

Por todo ello algunos autores consideran que el juramento se relaciona con los pitagóricos y no con Hipócrates, pues estos sí comulgaban con los principios que se aluden en el texto. Eso sí, en tal caso el marco cronológico sería el mismo, pues igual se situarían sus orígenes hacia los siglos V o IV antes de Cristo.

Un fragmento conservado en papiro de un juramento hipocrático del siglo III, en griego

Sea como sea, lo importante es la trascendencia histórica del juramento. Como explicó el médico canadiense Sir William Osler en 1913: “Por veinticinco siglos ha sido el ‘credo’ de la profesión, y en muchas universidades continúa siendo el enunciado con el que se comprometen los hombres al obtener su doctorado”. Y es que aunque su contenido, por supuesto, se haya ido adaptando según los tiempos, el juramento supuso el origen de una idea fundamental que se ha mantenido intacta durante más de dos milenios: la de que la obligación moral de los médicos es, siempre, cuidar a los pacientes.

Manuscrito bizantino del siglo XI-XII en donde aparece el Juramento hipocrático en forma de cruz. Biblioteca Vaticana

A continuación, incluimos el juramento original, a partir de su versión en griego:

TEXTO DEL JURAMENTO HIPOCRÁTICO (traducido al español)

Juro por Apolo médico, por Asclepio, Higía y Panacea, por todos los dioses y todas las diosas, tomándolos como testigos, cumplir  fielmente, según mi leal saber y entender, este juramento y compromiso:

Venerar como a mi padre a quien me enseñó este arte, compartir con él mis bienes y asistirles en sus necesidades; considerar a sus hijos como hermanos míos, enseñarles este arte gratuitamente si quieren aprenderlo; comunicar los preceptos vulgares y las enseñanzas secretas y todo lo demás de la doctrina a mis hijos y a los hijos de mis maestros, y a todos los alumnos comprometidos y que han prestado juramento, según costumbre, pero a nadie más.

En cuanto pueda y sepa, usaré las reglas dietéticas en provecho de los enfermos y apartaré de ellos todo daño e injusticia.

Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo; tampoco administraré abortivo a mujer alguna. Por el contrario, viviré y practicaré mi arte de forma santa y pura.

No tallaré cálculos sino que dejaré esto a los cirujanos especialistas.

En cualquier casa que entre, lo haré para bien de los enfermos, apartándome de toda injusticia voluntaria y de toda corrupción, principalmente de toda relación vergonzosa con mujeres y muchachos, ya sean libres o esclavos.

Todo lo que vea y oiga en el ejercicio de mi profesión, y todo lo que supiere acerca de la vida de alguien, si es cosa que no debe ser divulgada, lo callaré y lo guardaré con secreto inviolable.

Si el juramento cumpliere íntegro, viva yo feliz y recoja los frutos de mi arte y sea honrado por todos los hombres y por la más remota posterioridad. Pero si soy transgresor y perjuro, avéngame lo contrario.