‘La cartuja de Parma’, de Stendhal: la novela que inspiró ‘Guerra y paz’

Stendhal, por Johan Olaf Sodemark (1840)
Italo Calvino la denominó, hace algunos años, como “la novela más bella del mundo”. Balzac dijo que era “lo más poderoso que ha inventado la literatura moderna” y Tolstoi reconoció su influencia en Guerra y Paz. La cartuja de Parma, con su atractiva trama y sus personajes realistas y complejos, llevó a Stendhal (1783-1842) a adelantarse a su tiempo y a crear una de las novelas más actuales de la literatura decimonónica.

Henri Beyle “Stendhal” falleció un 23 de marzo de 1842, después de perder el conocimiento mientras caminaba por las calles de París. Hacía tres años de la publicación de su La cartuja de Parma, el título con el cual había puesto fin a casi un decenio de sequía como escritor y en donde retrató muchas de sus experiencias: su juventud de soldado napoleónico, sus alegrías en Milán, sus amores y, en definitiva, esos años de juventud en donde había sido feliz, cuando estaba lleno de proyectos e ilusiones y al fin dejaba atrás su difícil infancia, marcada por un padre autoritario y la temprana pérdida de su madre.  

Sí, Stendhal ponía máscaras en sus textos para que no fuera fácil reconocerle, pero igual quienes lo trataban le encontraron en el protagonista de La cartuja de Parma, Fabricio del Dongo (como fue también Julián Sorel en Rojo y negro), ese joven que vive allí la ocupación francesa de Italia y la batalla de Waterloo y a quien tratan de aupar al poder sus familiares entre intrigas cortesanas. Una historia en donde, además, el lector queda fascinado por la duquesa de Sanseverina, una seductora mujer de 36 años, inteligente y compleja que es uno de los personajes femeninos más interesantes de la historia de la literatura.

Porque esa fue una de las grandes virtudes de Stendhal, pues, pese a incluir igual muchas de las estructuras folletinescas del romanticismo de la época –dándonos así momentos y resoluciones a ratos inverosímiles-, es capaz de dotar a sus personajes de tal profundidad psicológica que acaba anticipando el realismo de la literatura posterior. Por eso zambullirse hoy día en su lectura supone una experiencia poco habitual en las novelas decimonónicas, como bien supo ver Honore de Balzac, quien calificó La cartuja de Parma como “lo más poderoso que ha inventado la literatura moderna”.

La gran obra por la que su autor se había vaciado pasó sin embargo desapercibida. Su trama de aventuras, amores, intrigas, cárceles y venganzas pronto quedó apartada ante las novelas de autores más exitosos. De modo que cuando Stendhal falleció, se estaba planteando volver a publicarla introduciendo algunos cambios para lograr el reconocimiento que esperaba.

Tuvieron, al final, que pasar algunos años para el auténtico descubrimiento de Stendhal, así como para los elogios casi unánimes de críticos y autores, entre ellos, el mismísimo Tolstoi, quien reconoció su influencia en Guerra y paz. A partir de ese momento los lectores, más acostumbrados a los nuevos cánones, empezaron aceptarla y a sentirse atrapados por las historias de esos hombres y mujeres que iban a la búsqueda de la felicidad y amaban las artes y el placer estético y físico, pero que, como el propio Stendhal, se sentían fuera del mundo. Porque esa es otra de las cuestiones clave la novela: ese aire de alegría convive, a la vez, con la tristeza y la decadencia. Por eso, y por mucho más, provoca tantas sensaciones al lector: es la manifestación de un pasado que resulta imposible recuperar. Aunque igual resulte hermoso asomarse.