'Matar a un ruiseñor', de Harper Lee, la novela antirracista que ayudó a mejorar el mundo

Matar a un ruiseñor, de Harper Lee (1926-2016), es uno de los grandes clásicos de la historia de la literatura. La historia de Atticus Finch, el abogado que defendía a Tom Robinson –un hombre afroamericano acusado falsamente de violar a una mujer blanca-, dejó un fuerte impacto en su tiempo, pues ponía de manifiesto el racismo que aún pervivía en el sur de los Estados Unidos. La obra ganó el Pulitzer en 1961 y recientemente fue elegida por los lectores de The New York Times la mejor novela de los últimos 125 años.

Harper Lee dudó muchas veces sobre si merecía la pena terminar o no aquel libro que estaba escribiendo. A veces, se ilusionaba. Otras, sin embargo, detestaba lo realizado. Un día, incluso, se desesperó tanto durante una revisión que arrojó el manuscrito por la ventana. Creyó llegado el momento de abandonar su novela porque ya no le veía salida. Por suerte, al llegar a la editorial y hablar con sus responsables comprendió que debía continuar. Y no porque contase con el apoyo total de sus jefes, los cuales estaban convencidos de que Matar a un ruiseñor, tal y como se llamaba esa obra, no tenía grandes salidas por la temática que abordaba, demasiado sensible para los últimos años de la década de los cincuenta: la historia de un hombre de raza negra a quien acusaban, falsamente, de haber violado a una mujer blanca y al que, pese a no haber pruebas en su contra, todos daban por culpable.

Cuando en 1960 Lee entregó finalmente, aliviada, el manuscrito, tras dos años y medio de trabajo, los editores le aseguraron que, con suerte, podría vender unas pocas miles de copias. Un año después, sin embargo, Matar a un ruiseñor ganaba el premio Pulitzer tras haber estado 41 semanas seguidas en la lista de libros más vendidos de los Estados Unidos. El vaticinio que le habían dado había fracasado estrepitosamente, quizá porque se lo habían hecho desde la óptica de la década que acababa de terminar. La nueva, sin embargo, iba a traer nuevos aires, un espíritu distinto de lucha y una generación dispuesta a cambiarlo todo. Fue entonces cuando se clamó de una forma inédita por la igualdad racial del país y la adscripción plena de los derechos civiles a los grupos minoritarios; y en todo ello Matar un ruiseñor acabó siendo una de las herramientas que mejor logró conectar con la sociedad.

Gregory Peck, como Atticus Finch, y Brock Peters, como Tom Robinson en la adaptación cinematográfica de Matar a un ruiseñor (1962)

Harper Lee, además, había dado a su obra una serie de personajes entrañables que, por su inteligencia y su capacidad de encarnar lo bueno que se esperaba del ser humano, acabaron formando parte del imaginario colectivo de la nación; sobre todo, Atticus Finch, el honesto abogado que se atrevía a defender a aquel acusado de raza negra después de que muchos de sus colegas prefirieran no aceptar el caso. Por eso Finch representa la ética y los valores más puros del Derecho, pues a causa de su deseo de hacer justicia se lleva el rechazo de sus conciudadanos blancos, incluidos sus vecinos y amigos. Pero no le importa porque Atticus está convencido de que todo ser humano, sin importar su raza, merece un juicio justo, aunque eso comporte sufrimientos para sus dos hijos pequeños, a los que cuida tras haber enviudado recientemente. Niños que, por todo ello, se van a ver obligados a contemplar el mundo real y que acabarán despojados de su inocencia.

Sorprendentemente, el éxito del libro llevó a que Harper Lee decidiera apartarse del mundo y no publicara ningún libro más. Solo pocos meses antes de su muerte aparecería una nueva novela su nombre, Ven y pon un centinela, que había escrito muchos años atrás antes y cuya publicación generó controversia por considerarse que se había sacado al público sin el permiso de la autora y aprovechándose de su edad. Sea como fuere, lo cierto es que Lee expresó en varias ocasiones su deseo de no seguir escribiendo para una editorial. Quizá porque, como les pasó a J.D. Salinger con su El guardián entre el centeno o a su gran amigo Truman Capote con A sangre fría, sintió que Matar a un ruiseñor, había dejado el listón demasiado alto. O quizá porque, simplemente, prefería no formar parte del candelero mediático que tanto le había aturdido. Más aún, después de que Robert Mulligan dirigiera en 1962 una magnífica adaptación cinematográfica de su obra –la cual, por otra parte, gustó mucho a Lee- en donde Gregory Peck hacía una sensacional interpretación de Atticus Finch.

Gregory Peck y Harper Lee

Harper Lee falleció en 2016, a los 89 años y apartada de todos. Había preferido dejar pasar su vida tranquilamente, alejada de los medios y el gran público (sí hizo alguna excepción, como cuando en 2007 aceptó la Medalla Presidencial de la Libertad); consciente de que ya había dejado para la historia un gran texto, un libro en donde se había reflejado la convulsa sociedad norteamericana de esas décadas y que había contribuido también al cambio social vivido en el país. Un libro en donde había dicho que matar a un ruiseñor era acabar con lo que es débil e indefenso. Aquello que representa a la propia inocencia. Algo que según Harper Lee suponía una de las mayores aberraciones que podía cometer un ser humano.