martes, 29 de noviembre de 2022 12:52h.

La epidemia de baile del verano de 1518

Escena de baile
Escena de baile

Todo se inició el 14 de julio de 1518 en Estrasburgo (Francia). De repente, una joven, Frau Trofea, comenzó a bailar en algún lugar de la población sin que pareciera tener la intención de detenerse. Y el día avanzó, y ella siguió y siguió, hasta que, tras varias horas, cayó desmayada por el agotamiento.

Al día siguiente, despertó. Y, pese a que no tenía ningún deseo de moverse,  comenzó a bailar, de nuevo, por todas partes. Hasta que, otra vez, al término del día, cayó. Exhausta.

El tercer día, ya con los pies llenos de magulladuras y heridas, se levantó y salió otra vez a las calles a bailar. Esta vez una multitud se congregó a su alrededor y la observó.  Gentes de todo estamento y condición. De los más ricos a los más pobres: eclesiásticos, artesanos, trabajadores de la tierra, artistas… Y vieron sus pies ensangrentados mientras se preguntaban el porqué de aquel comportamiento. Unos dijeron que estaba poseída; otros, que estaban viendo una manifestación divina. Hasta que, por tercera vez, Frau cayó agotada. Fue entonces cuando las autoridades decidieron llevarla a un santuario. Creyendo que, con ello, aquel extraño episodio había llegado a su fin.

Sin embargo, pocos días después varias personas de la población empezaron a hacer exactamente lo mismo: bailar y bailar hasta que llegaba el final del día. Y a ellas, se añadieron otras. Y luego, otras. De tal modo que al iniciarse agosto ya eran alrededor de un centenar de hombres y mujeres. Las autoridades locales creyeron entonces necesario congregar a ese grupo de danzantes en un mismo lugar para que no molestaran a sus vecinos. Así que habilitaron un espacio en el  mercado de grano que había tras la catedral y pagaron a músicos para que los acompañaran. Al terminar agosto ya eran 400 las personas que se reunían allí para danzar hasta que el agotamiento les vencía. Algunas, con tal intensidad, que por efecto del esfuerzo caían desplomadas sin vida. Al punto de que hay crónicas –seguramente exageradas- que registran la muerte de quince personas al día por efecto de ese aterrador baile.  

Luego, las autoridades decidieron echarse atrás y prohibir esas reuniones. Pero, igual, la gente siguió danzando.

Se dijo entonces que aquello era un castigo divino. De modo que el obispado se reunió y decidió hacer lo siguiente: obligar a los bailarines a acudir en peregrinación a una ermita que había a las afueras de Saverne. Así hicieron. Y estos rodearon las reliquias de San Vito y la Virgen pidiendo que cesara todo. Fue entonces cuando, de acuerdo a las crónicas, todo terminó. Al fin, la mayoría recuperó el control.

El episodio fue muy comentado a partir de ese momento. Generación tras generación, siglo tras siglo, se habló de la “epidemia de baile de 1518”, dándose todo tipo de explicaciones. Más aún, cuando la historia se convirtió en una disciplina académica y se trató de abordar su estudio desde  nuevas metodologías. Así, hoy tenemos teorías de todo tipo, aunque priman las que dicen que todo aquello se debió a algún tipo de intoxicación alimenticia, fruto de alguna sustancia alucinógena. Además, en los últimos años ha cobrado fuerza la que ha dado el historiador y médico John Waller en A Time to Dance, a Time to Die. Así, tras estudiar otros casos y estudios médicos, este autor afirma que lo que se vivió en Estrasburgo fue un episodio de histeria colectiva. O dicho de otro modo: que fue una respuesta nerviosa en cadena debido a la mala situación de la población, que había encadenado varios años de malas cosechas y hambrunas y vivía con el miedo que producía el avance de los turcos. Un conjunto de circunstancias que alteraron la conciencia hasta provocar un estrés compartido.

¿Fue realmente así? ¿O el libro de John Waller desecha con demasiada rapidez las teorías que aluden a la intoxicación como causa principal? Sea como sea, acierte o no, igual nos ofrece aquí una lectura coherente e inteligente que nos transporta a las vistas, sonidos, mentalidades y penurias del mundo medieval tardío. A la vez que nos anima a emprender este tipo de investigaciones, atentas a la complejidad de la mente humana, para otros episodios que han quedado envueltos en el misterio durante siglos.