martes, 29 de noviembre de 2022 12:52h.

Robert Capa, el histórico fotógrafo que, en realidad, eran dos personas

Robert Capa, como es bien sabido, es uno de los fotógrafos más importantes del siglo XX. Retrató a lo largo de su carrera la Guerra Civil española, la Segunda Guerra mundial y el desembarco de Normandía, pasando a la historia tanto por su técnica como por su valentía para tomar las más arriesgadas imágenes. Sin embargo, Robert Capa fue en realidad un seudónimo que durante algún tiempo emplearon dos personas: el húngaro Endre Ernő Friedmann y la alemana Gerda Taro. 

Robert Capa (...) y Gerda Taro (Creative Commons)-min
Robert Capa (...) y Gerda Taro (Creative Commons)-min

Endre Ernő Friedmann y Gerda Taro se enamoraron muy jóvenes, poco después de conocerse en Francia. Compartían las mismas pasiones, el hecho de habitar un país que no era el de su nacimiento y, también, sus convicciones políticas. Habían llegado allí huyendo del fascismo, él desde Hungría y ella de Alemania, armados con una cámara y seguros de que con su trabajo podrían mostrar las desigualdades del mundo capitalista. No lo tuvieron, sin embargo, fácil, pues al principio las agencias y periódicos preferían contratar a otros fotógrafos, por lo que, vinculando aquello con algún tipo de prejuicio xenófobo, decidieron inventarse un nombre que resultara atractivo. Fue entonces cuando ambos crearon a Robert Capa, pasando a utilizar, indistintamente, aquel seudónimo para sus fotos.

La idea funcionó. Los encargos llegaron y, gracias a su trabajo, lograron una cierta reputación entre los medios franceses. Pero eso no les pareció suficiente, así que, en busca de nuevos retos, decidieron desplazarse hasta España para cubrir la guerra civil que acababa de iniciarse. Él tenía 22 años, ella 26, y estaban a punto de descubrir lo que implicaba una lucha así; el dolor, la sinrazón, el sufrimiento y la violencia a la cual podía llegar el ser humano. Desde ese momento, se esforzaron por retratarlo todo, sin que les pareciera dar miedo estar en el campo de batalla. Fue así como surgió una de sus imágenes más famosas, Muerte de un miliciano, que tantos debates y controversias ha generado. Entre ellos, el de la propia autoría (es posible, según investigaciones recientes, que fuera Gerda quien la tomara).

Gerda Taro y Robert Capa

La guerra también enfrió la pasión amorosa de los dos amantes. Después de varios meses en que los dos habían enviado sus fotografías a los medios sin señalar quien sostenía realmente la cámara, optaron por romper su empresa, quedándose Endre, en exclusiva, con el nombre de Robert Capa y pasando a firmar Gerda su obra como “Photo Taro”

Desafortunadamente, ella no iba a tener tiempo para demostrar sus artes, pues muy poco después, sufrió un accidente fatal que acabó con su vida. Fue el 26 de julio de 1937, cuando ante el avance de las tropas franquistas decidió esta replegarse en compañía del grupo republicano al que se había unido. Así, se subió al estribo del coche del general Walter, de las Brigadas Internacionales, y marchó así hasta que, de repente, aparecieron varios aviones enemigos volando a baja altura y provocando el terror de todos. Gerda, entonces, cayó el suelo. No tuvo tiempo de reaccionar: un tanque, que venía inmediatamente detrás de ella, le pasó por encima. Muy pocas horas después fallecería en el hospital. Fueron Rafael Alberti y María Teresa León quienes, tras reconocer su cuerpo, evitaron que acabara en una fosa común.

Gerda Taro en el frente de Guadalajara  (1937)

Endre, por su parte, ya convertido oficialmente en el único Robert Capa, sí logró superar la guerra española. Luego sufrió la Segunda Guerra Mundial, en donde demostró nuevamente a dónde estaba dispuesto a llegar para tomar una buena imagen. De hecho, se atrevió a realizar una de las más peligrosas hazañas que recuerda el periodismo, pues fue el único en tomar imágenes desde la primera línea durante el histórico desembarco de Normandía. Tras ello, liberado ya Europa del nazismo, puso en marcha en 1947 la famosa agencia Magnum en compañía de grandes personajes como Henri Cartier-Bresson y David Seymour.

Endre, sin embargo, era un hombre a quien no le gustaban las tareas de oficina. Cuando estalló el conflicto entre Francia e Indochina se apresuró a viajar hasta allí, dispuesto a cubrirlo como fotoperiodista. Empero, esta vez, tuvo mucha menos suerte. El 25 de mayo de 1954, mientras viajaba en jeep con el ejército francés, decidió apearse para tomar algunas imágenes del convoy. Sus compañeros le vieron alejarse hasta que, de repente, sonó una terrible explosión. Endre había pisado una mina que le había seccionado la pierna y provocado una grave herida en el pecho. Sus compañeros acudieron rápidamente hasta él pero les fue imposible salvarle. Falleció cuando estaba camino del hospital.

La muerte de Capa fue un acontecimiento histórico retratado por numerosos medios. La de Gerda, en cambio, pasó tan desapercibida que durante mucho tiempo se desconoció la importancia de su trabajo. Sus pérdidas supusieron el fin de una historia de pasión que logró llevar a Robert Capa a lo más alto de la historia de la fotografía. Aunque fuera a costa de Endre y Gerda.