miércoles, 28 de septiembre de 2022 06:32h.

Siete poemas de Blanca Varela

Blanca Varela
Blanca Varela

(Lima, 10 de agosto de 1926 – Ibidem, 12 de marzo de 2009)

Era hija de Alberto Varela y de la escritora costumbrista Esmeralda González Castro (quien firmó también obras con el seudónimo de Serafina Quinteras). Durante su época de estudiante en la Universidad Mayor de San Marcos, en donde ingresó con dieciséis años para estudiar letras, organizó junto a otros poetas de su generación el grupo de los “poetas puristas”. Desde entonces participó en tertulias y actos literarios, en donde conoció a autores como César Moro, José María Arguedas o los españoles Dámaso Alonso, Corpus Barga y Pedro Salinas.

Tras terminar sus estudios en 1947 y casarse con el pintor Fernando de Szyszlo en 1949 vivió en París ocho años, teniendo la oportunidad de interactuar con figuras tan interesantes como Jean-Paul Sartre o Simone de Beauvoir. Luego, estuvo en Florencia y Washington DC, siendo entonces cuando publicó su primer poemario Este puerto existe (1959), prologado y editado por Octavio Paz, a quien había conocido en París.

En 1962 regresó a Lima, en donde siguió escribiendo, dando obras como Luz de día (1963), Valses y otras falsas confesiones (1972), Canto villano (1978), Ejercicios materiales (1993), El libro de barro (1993), Concierto animal  (1999) y El falso teclado (2000). Estos dos últimos, después de que su hijo Lorenzo falleciera en un accidente aéreo.

Ocupó también cargos en el Centro Peruano del PEN Club Internacional y en la oficina en Lima de la editorial Fondo de Cultura Económica. En 1996 recibió la Medalla Internacional Gabriela Mistral, premio al que siguieron en 2001 el Octavio Paz de Poesía y Ensayo, en 2006 el Federico García Lorca y en 2007 el Reina Sofía de Poesía. Además en 2022 recibió la Orden al Mérito de la Mujer junto a otras mujeres peruanas destacadas.

Falleció en 2009, a los 82 años.

Blanca Varela definía el mundo como algo “duro, difícil, pero a veces hermoso”, idea esta que se deja notar en su obra, en donde el dolor y la frustración son temas principales. Ahora bien, esto lo muestra con ironía, sin ambages y buscando siempre la expresividad. Por todo ello se ha considerado su poesía como una vía para descubrir la realidad individual y colectiva, además de una forma de ahondar en el subconsciente y en el sentimiento que provocan el tedio y el dolor. Octavio Paz, por su parte, la definió como una poeta “que no se complace en sus hallazgos ni se embriaga con su canto. (…) Su poesía no explica ni razona. Tampoco es una confidencia. Es un signo, un conjuro frente, contra y hacia el mundo, una piedra negra tatuada por el fuego y la sal, el amor, el tiempo y la soledad. Y también una exploración de la propia conciencia".

A LO MEJOR ERES TÚ MISMO EL TREN QUE PITA Y SE METE BAJO…

A lo mejor eres tú mismo el tren que pita y se mete bajo
       tierra rumbo al infierno o la estrella de chatarra que te
       lleva frente a otro muro lleno de espejos y de gestos,
       endiablados gestos sin dueño y tú tras ellos, solo, feliz
       propietario de una boca escarlata que muge.
Pega el oído a la tierra que insiste en levantarse y respirar.
Acaríciala como si fuera carne, piel humana capaz de
       conmoverte, capaz de rechazarte.
Acepta la espera que no siempre hay lugar en el caos.
Acepta la puerta cerrada, el muro cada vez más alto, el
       saltito, la imagen que te saca la lengua.
No te trepes sobre los hombros de los fantasmas que es
       ridículo caerse de trasero with music in your soul.

A MEDIA VOZ

la lentitud es belleza
copio estas líneas ajenas
respiro
acepto la luz
bajo el aire ralo de noviembre
bajo la hierba
sin color
bajo el cielo cascado
y gris
acepto el duelo y la fiesta
no he llegado
no llegaré jamás
en el centro de todo
esta el poema intacto
sol ineludible
noche sin volver la cabeza
merodeo su luz
su sombra animal
de palabras
husmeo su esplendor
su huella
sus restos
todo para decir
que alguna vez
estuve atenta
desarmada

sola casi
en la muerte
casi en el fuego

ASÍ SEA

El día queda atrás,
apenas consumido y ya inútil.
Comienza la gran luz,
todas las puertas ceden ante un hombre
dormido,
el tiempo es un árbol que no cesa de crecer.

El tiempo,
la gran puerta entreabierta,
el astro que ciega.

No es con los ojos que se ve nacer
esa gota de luz que será,
que fue un día.

Canta abeja, sin prisa,
recorre el laberinto iluminado,
de fiesta.

Respira y canta.
Donde todo se termina abre las alas.
Eres el sol,
el aguijón del alba,
el mar que besa las montañas,
la claridad total,
el sueño.

BODAS

Perdidos en la niebla
el colibrí y su amante.
Dos piedras lanzadas por el deseo
se encuentran en el aire.
La retama está viva,
arde en la niebla,
habitada.
( dedicatoria)

CURRÍCULUM VITAE

digamos que ganaste la carrera
y que el premio
era otra carrera
que no bebiste el vino de la victoria
sino tu propia sal
que jamás escuchaste vítores
sino ladridos de perros
y que tu sombra
tu propia sombra
fue tu única
y desleal competidora.

LA LECCIÓN

Como una moneda te apretaré entre mis manos
y todas las puertas cederán
y lo veré todo
y la sorpresa
no quemará mi lengua
y comprenderé entonces el crecimiento de las plantas
y el cambio de pelaje en las pequeñas crías.

Hallaré la señal
y la caída de los astros
me probará la existencia de otros caminos
y que cada movimiento engendra dos criaturas,
una abatida y otra triunfante,
y en cada mirada morirá la apariencia
y desnudo y bello
te arrojará la fábrica entre nosotros.

TAL VEZ EN PRIMAVERA...

Tal vez en primavera.
Deja que pase esta sucia estación de hollín y lágrimas
     hipócritas.
Hazte fuerte. Guarda miga sobre miga. Haz una fortaleza
     de toda la corrupción y el dolor.
Llegado el tiempo tendrás alas y un rabo fuerte de toro o
     de elefante para liquidar todas las dudas, todas las
     moscas, todas las desgracias.
Baja del árbol.
Mírate en el agua. Aprende a odiarte como a ti mismo.
Eres tú. Rudo, pelado, primero en cuatro patas, luego en
     dos, después en ninguna.
Arrástrate hasta el muro, escucha la música entre las
     piedrecitas.
Llámalas siglos, huesos, cebollas.
Da lo mismo.
Las palabras, los nombres, no tienen importancia.
Escucha la música. Sólo la música.