martes, 29 de noviembre de 2022 12:52h.

Siete poemas de Claribel Alegría

Claribel Alegría
Claribel Alegría

(Estelí, 12 de mayo de 1924 – Managua, 25 de enero de 2018)

Se llamaba Clara Isabel Alegría Vides. Su padre, médico, era Daniel Alegría, y procedía de Nicaragua. Su madre, Ana María Vides, era salvadoreña. Claribel fue la primogénita de sus seis hijos. Pasó la niñez en Santa Ana, al occidente de El Salvador, adonde se trasladaron después de que la madre sufriera los disparos de un marine estadounidense. Allí su familia trató con círculos intelectuales y conoció a personalidades como José Vasconcelos (fue él quien empezó a llamar a la futura poeta y escritora “Claribel”), Salarrué o Miguel Ángel Asturias.

Estudió primaria y secundaria en el colegio “José Ingenieros” de Santa Ana, y posteriormente, en 1943, acudió con una beca a la Universidad de Loyola, en Nueva Orleans. Fue entonces cuando se puso en contacto con el poeta español Juan Ramón Jiménez, quien tras conocer sus poemas, decidió adoptarla como alumna y pedirle que se trasladara a Washington, donde residía él. Así hizo, en 1944, iniciando sus estudios en la Universidad George Washington y graduándose en Filosofía y Letras cuatro años después. Aquí conoció también a quien sería su marido, el escritor y diplomático Darwin J. Flakoll, con quien tendría cuatro hijos.

En 1948 apareció su primer libro de poesía, Anillo de silencio, donde empezó a mostrar un estilo lírico propio y un lenguaje directo pero de gran impacto y belleza. Luego llegarían Suite (1951), Vigilias (1953) o Acuario (1955). La década de los sesenta y los cambios sociales le llevaron, sin embargo, a evolucionar hacia unos estilos más vinculados con la reivindicación de los derechos humanos. Así sucede con obras como Huésped de mi tiempo (1961), Vía única (1965), Aprendizaje (1970), Pagaré a cobrar (1977) y Sobrevivo (1978). Allí, además, demostró también una de las características de su obra: la brevedad con que resuelve sus poemas. Como dijo el poeta nicaragüense José Coronel Urtecho al hablar de esta circunstancia: “Cómo se puede ser gran poeta, ser una gran poeta, en tan pocas palabras, en tan breves y leves palabras, tan cargadas del peso de la vida y la poesía”. Ella, al respecto, afirmó que la idea de sintetizar la tomó de sus conversaciones con Juan Ramón Jiménez. Y que tenía esto que ver con su búsqueda de una poesía transparente y clara que lograse alcanzar al público.

También en estas fechas cultivó otros géneros, como por ejemplo el libro para niños Tres cuentos (1958) o las novelas cortas El detén (1977), Álbum familiar (1982) o Pueblo de Dios y de Mandinga (1985). Además de, por supuesto, Cenizas de Izalco, que escribió junto a su esposo y en donde narró la matanza de El Salvador, en 1932, por el dictador Martínez, que acabó con la vida de treinta mil campesinos y que ella misma presenció de niña. Este libro fue finalista en el concurso de novela Biblioteca Breve Seix Barral.

Por esas fechas, además, sus libros empezaron a publicarse a otros idiomas, como el francés o el polaco.

Regresó a Nicaragua en 1985, donde se puso del lado de la Revolución Sandinista. Posteriormente ejerció como cónsul del país en los Estados Unidos, teniendo que lidiar en los distintos conflictos que vivieron las dos naciones. De hecho, llegó a ser declarada funcionaria non grata por el gobierno de Ronald Reagan. De estos años son obras de poesía como Y este poema-rio (1989), Fugues (1993), Umbrales (1997) o Saudade (1999), la novela corta Despierta mi bien, despierta (1986) o las novelas Luisa en el país de la realidad (1987) o –esta nuevamente en colaboración con su esposo- Somoza, expediente cerrado (1993), en donde narró la vida del dictador Anastasio Somoza Debayle.

También ejerció como traductora y pasó al español la poesía de autores como Robert Graves y la antología de poesía estadounidense Nuevas voces de Norteamérica (1983).

Falleció en 2018, con 93 años, y escribió hasta, prácticamente, sus últimos días. De entonces son distintas antologías poéticas y obras como Soltando amarras (2005), Poemas de amor (2006), Otredad (2011) o Voces (2014). Recibió, asimismo, distintas distinciones, como la Orden de las Artes y las Letras, del gobierno de Francia (2004), el Premio Neustadt (2006), la Orden Gabriela Mistral (2010) o el XXVI Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana de la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional de España (2017), este último por el conjunto de su obra.

CARTA A UN DESTERRADO

Mi querido Odiseo:
Ya no es posible más
esposo mío
que el tiempo pase y vuele
y no te cuente yo
de mi vida en Itaca.
Hace ya muchos años
que te fuiste
tu ausencia nos pesó
a tu hijo
y a mí.
Empezaron a cercarme
pretendientes
eran tantos
tan tenaces sus requiebros
que apiadándose un dios
de mi congoja
me aconsejó tejer
una tela sutil
interminable
que te sirviera a ti
como sudario.
Si llegaba a concluirla
tendría yo sin mora
que elegir un esposo.
Me cautivó la idea
que al levantarse el sol
me ponía a tejer
y destejía por la noche.
Así pasé tres años
pero ahora, Odiseo,
mi corazón suspira por un joven
tan bello como tú cuando eras mozo
tan hábil con el arco
y con la lanza.
Nuestra casa está en ruinas
y necesito un hombre
que la sepa regir
Telémaco es un niño todavía
y tu padre un anciano
preferible, Odiseo
que no vuelvas
los hombres son más débiles
no soportan la afrenta.
De mi amor hacia ti
no queda ni un rescoldo
Telémaco está bien
ni siquiera pregunta por su padre
es mejor para ti
que te demos por muerto.
Sé por los forasteros
de Calipso
y de Circe
aprovecha Odiseo
si eliges a Calipso
recuperarás la juventud
si es Circe la elegida
serás entre sus chanchos
el supremo.
Espero que esta carta
no te ofenda
no invoques a los dioses
será en vano
recuerda a Menelao
con Helena
por esa guerra loca
han perdido la vida
nuestros mejores hombres
y estas tú donde estas.
No vuelvas, Odiseo
te suplico.

Tu discreta Penélope

DÍA DE LLUVIA

Nunca más esta lluvia
ni esa mancha de luz
en el peñasco
ni el borde
de esa nube
ni tu inmóvil sonrisa
fugitiva.
Nunca más este instante
que ya me dice adiós
desde tus ojos.

EL MURO DE LAS SONRISAS

Cuando el amor se aja
se marchita
se te vuelve amarillo
no hay remedio
sólo te queda
la sonrisa.
Cuando te sientes sola
entre sus brazos
y tu piel es frontera
y no te brota el llanto
sólo te queda
la sonrisa.*
Cuando el canto se oxida
y el paisaje
y todo lo vivido
es un espectro
tu único refugio
es la sonrisa:
ese muro cerrado
impenetrable
sin ayeres
sin hoy
y sin mañanas
donde todos los sueños
se hacen trizas.

* Este poema aparece en internet, siempre, con esta estrofa repetida. Es un error que corregimos aquí, tras comparar con el libro original. 

DAME TU MANO

                              "Hoy me gusta la vida mucho menos
                              pero siempre me gusta vivir"...
                              César Vallejo

Dame tu mano
amor
no dejes que me hunda
en la tristeza
Ya mi cuerpo aprendió
el dolor de tu ausencia
y a pesar de los golpes
quiere seguir viviendo.
No te alejes
amor
encuéntrame en el sueño
defiende tu memoria
mi memoria de ti
que no quiero extraviar.
Somos la voz
y el eco
el espejo
y el rostro
dame tu mano
espera
debo ajustar mi cuerpo
hasta alcanzarte.

HOY ES NOCHE DE SOMBRAS...

Hoy es noche de sombras
de recuerdos-espada
la soledad me tumba.
Nadie que aguarde mi llegada
con un beso
y un ron
y mil preguntas.
La soledad retumba.
Quiere estallar de rabia
el corazón
pero le brotan alas.

LA MARIPOSA

Ya la ceiba no existe
derrumbaron mi ceiba
se hicieron añicos los espejos
eché a secar mi Río
y se escondió la luna.
Estoy vacía de deseos
mi espada
en su estuche de satén.
¿Por qué ahora
por qué
busca seducirme
la poesía?
Entró por la ventana
y se posó en mi mano
la miré con nostalgia
se entreabrieron mis labios
y con un leve soplo
la alejé.

QUIERO SER TODO EN EL AMOR...

Quiero ser todo en el amor
el amante
la amada
el vértigo
la brisa
el agua que refleja
y esa nube blanca
vaporosa
indecisa
que nos cubre un instante.