martes, 29 de noviembre de 2022 12:52h.

El día en que José Ortega y Gasset y Gary Cooper intercambiaron sus camisas

Ortega y Gasset y Gary Cooper (Fuente: Fundación Ortega y Gasset - Marañón)
Ortega y Gasset y Gary Cooper (Fuente: Fundación Ortega y Gasset - Marañón)

Una de las fotografías más sorprendentes en la biografía de José Ortega y Gasset es aquella en donde aparece al lado de Gary Cooper en la población de Aspen (Estados Unidos). Ambos miran a la cámara y parecen estar a gusto, pese a que la luz les incomoda un poco. El español lleva traje y corbata y el norteamericano una camisa blanca. Es el único testimonio gráfico del encuentro que ambos sostuvieron en julio de 1949 y durante el cual todo se desarrolló agradablemente. De hecho, días después, Ortega y Gasset envió a Gary Cooper una camisa junto a este llamativo mensaje:

"Querido Gary: No todas mis bromas son sólo bromas. Cuando cambiamos los encendedores, le dije que iba a darle a usted una de mis camisas. Aquí la tiene. No se la envío para que se la ponga, porque el formato de nuestros cuerpos es diferente, con gran ventaja para usted. Se la envío porque esa camisa es 'la camisa de un hombre feliz'. Mi vida ha sido muy dura, pero a despecho de eso he sido capaz de convivir con lo que podríamos llamar una felicidad permanente. Que esa camisa sea como un amuleto que le quite la melancolía si alguna vez ésta se apodera de usted".

La camisa, pues, se había convertido en la expresión de la felicidad. Pero, ¿cómo sucedió esto?

WALTER PAEPCKE Y EL ENCUENTRO DE ASPEN


Walter Paepcke (1896-1960)

Todo había nacido a raíz de que el industrial Walter Paepcke, a la sazón presidente de una empresa poco vinculada al mundo cultural –la Container Corporation of America, dedicada al embalaje-, decidió organizar una conferencia en la población minera de Aspen a objeto de celebrar el doscientos aniversario del nacimiento de Goethe. Con ello pretendía reivindicar lo cultural, pero también su postura en pro del sistema tradicional del país, pues para Paepcke el escritor alemán se había convertido en el último gran representante de los valores de occidente. Al proyecto dedicó grandes cantidades de dinero y, gracias a sus contactos, consiguió que acudieran numerosas personalidades de todo el mundo, entre ellas el pianista Arthur Rubinstein, el futuro Nobel de la Paz Albert Schweitzer y el triple ganador del Premio Pulitzer Thornton Wilder. De hecho, su iniciativa tuvo tanto éxito que ya al año siguiente de la celebración puso en marcha el famoso Aspen Institute, con la idea de buscar “una sociedad libre, justa y equitativa”.

LA INVITACIÓN A ORTEGA Y GASSET 

Ortega y Gasset en una fotografía tomada en Aspen

Ortega y Gasset fue uno de los hombres que recibió la invitación para ese encuentro. A finales de los cuarenta el filósofo vivía en Madrid y no se sentía bien con la posición en que se encontraba como intelectual. En España se le atacaba, por su ideología y pensamiento, y pese a que había logrado poner en marcha un Instituto de Humanidades junto a su hija Soledad y a su discípulo Julián Marías, numerosos personajes trataban de desprestigiarlo.

Nunca en la vida había viajado a los Estados Unidos, así que la idea de visitar el país y pasar tres semanas en compañía de intelectuales procedentes de distintos puntos del mundo, convirtiéndose así en el gran representante español, le sedujo de forma especial. Más aún, tras comprobar el suculento pago que se le ofrecía: cinco mil dólares, cifra que si ya era toda una fortuna para un norteamericano, aún lo era más para quien sobrevivía en un territorio lastrado por la guerra civil.

Apenas, pues, lo pensó. Preparó todo para el viaje y, en compañía de su hija, llegó a Nueva York el 27 de junio, tras un viaje incómodo y largo. Luego partió a Chicago, donde impartió una conferencia, y, finalmente, a Aspen. De ese recorrido le quedó la fascinación por el continente, pero también el cansancio de comprobar lo amplias que resultaban las distancias de ciudad a ciudad en el país.

LA EXITOSA CONFERENCIA DE ORTEGA Y LA CAMISA DE GARY COOPER

Ortega y Gasset estuvo casi tres semanas en Aspen, conociendo a organizadores e invitados y demostrando su gran brillantez. De hecho, el día que le tocó conferenciar –en español y con Hustings traduciendo sus frases- muchos consideraron estar ante la mejor ponencia de todas. Así, de acuerdo a las crónicas, el auditorio escuchó con gusto sus ideas en torno al hombre-masa, el “arte de la noble vida” o “el individualismo de Goethe como una cura positiva”. Al terminar, recibió el aplauso de todos. Lo cual, sin duda, debió dar a Ortega una sensación de triunfo que desde hacía ya algún tiempo ya no saboreaba.  


Gary Cooper y Patricia Neal

Fue poco después de ese acto cuando conoció a Gary Cooper. Este tenía una propiedad en Aspen y estaba pasando en ella el verano tras protagonizar The Fountainhead junto a Patricia Neal, actriz de la que se había enamorado pese a estar ya casado (por cierto, la película adaptaba la novela de la filósofa y exiliada soviética Ayn Rand). Estaba en esos momentos asimilando los cambios en su vida y Ortega se le presentó como un hombre feliz y animado. Pasaron un tiempo agradable e intercambiaron sus mecheros. Además, en su conversación, tal y como relató el corresponsal de ABC José María Massip (ABC, 19 de octubre de 1955), Ortega comentó “que le gustaría poseer una de sus camisas de ‘hombre feliz’ que contradijese la fábula de que los hombres felices carecen de camisa”. Esto hizo que tiempo después, cuando estaba en Nueva York, Ortega recibiera un paquete de Gary con una camisa de lana, a cuadros, y una nota en donde podía leerse: “Aquí tiene usted la camisa prometida, pero a condición de que usted, hombre también feliz en su vida intelectual, me envíe una suya”.


José Ortega y Gasset en Aspen (Fuente: Fundación Ortega y Gasset – Marañón)

Así hizo el español, esa misma tarde, con la carta reproducida al principio de estas líneas. Fue uno de los últimos actos que hizo antes de regresar a Madrid, en donde comprobó que su viaje apenas había tenido repercusión entre sus compatriotas (de hecho, se encontró con algunos mensajes hostiles en la prensa sobre ello). Pero, igual, se sintió realizado. Aspen había sido para él la corroboración de su valía, el necesario apoyo intelectual que no recibía en España y un recuerdo para sus dotes de seducción intelectual. Ya nunca regresaría a los Estados Unidos, pero quedó encantado de la estancia. Y de la “camisa de hombre feliz” que había intercambiado con Gary Cooper.