viernes, 27 de enero de 2023 13:08h.

Paul Éluard y Gala Dalí: una historia de amores rotos

Pocos poetas han reflejado el amor con la misma intensidad que Paul Eluárd, sin duda uno de los más grandes autores de las letras francesas. Según sus biógrafos, fue su esposa Elena Ivánovna Diákonova (más conocida como “Gala”), quien primero le inspiró a crearlas. Su matrimonio fue intenso, pero también tormentoso, y terminó cuando ella conoció al hombre con quien vivió el resto de sus días: Salvador Dalí.
Paul Éluard (Wikimedia Commons) y Gala (detalle de la portada de 'Gala dalí. La vida secreta').
Paul Éluard y Gala / Wikimedia y portada de 'Gala Dalí. La vida secreta', de la Fundación Gala-Salvador Dalí.

El término de la década de 1920 fue muy difícil para Paul Éluard. Enfermo, pasaba los días en un sanatorio, preguntándose por su destino, las artes y, sobre todo, el amor. Su esposa Gala le acompañaba, pero se mostraba distante. Tras numerosas discusiones y amantes, de uno y otro lado, parecía que su relación estaba a punto de terminarse. Así se lo expresó él en una de sus cartas: “Tu cabello se desliza hacia el abismo que justifica nuestro alejamiento”.

Gala había sido su amor desde la adolescencia. Se habían conocido en 1912, en el lugar más inesperado para el surgimiento de un sentimiento así: el sanatorio de Clavadle (Suiza), adonde habían llegado ambos, desde Moscú y París, por sus problemas pulmonares. Ella tenía 18 años, él 17, y el romance brotó casi de inmediato. Tanto que los biógrafos califican a Gala como la primera musa de Paul y, también, la principal causante y animadora de que este diera el impulso necesario para convertirse en poeta.  

Paul, Gala y su hija Cécile

La estancia terminó y la pareja se vio obligada a regresar a sus países. Parecía imposible un nuevo encuentro, y aún más, tras el inicio de la guerra en Europa, pero ella insistió a sus familiares para que le permitieran viajar a Francia, aún a sabiendas de lo que podía pasarle. Así hizo: cruzó el continente y llegó a París en 1916. Un año después se casaron.  

MAX ERNST Y EL SURREALISMO

El fin de la guerra permitió que París renaciera y se desarrollaran numerosos autores y artistas deseosos de dejar su huella en la historia. Entre ellos, los surrealistas, a quienes Paul se unió, haciéndose así amigo de figuras tan importantes como André Breton, Philippe Soupault o Louis Aragon. Ahora bien, estos, en general, no simpatizaron con Gala, pues la consideraban egoísta y demasiado calculadora. Además, siguiendo la mentalidad de la época, no les gustaba la visión poco tradicional que tenía de la vida en matrimonio, pues se desentendía de las tareas domésticas y del cuidado de Cécile, la hija que había tenido junto a Paul en 1918.

Max Ernst, Gala y Paul Éluard

Hubo, sin embargo, una importante excepción: el influyente artista Max Ernst quedó prendado por ella y se convirtió en su amante. De hecho, Gala pasó a ser su musa, dedicándole desde entonces varias obras, entre ellas un desnudo que los nazis destruirían años después por considerarlo inmoral. Todo, mientras Paul, celoso, se refugiaba en el alcohol y en, también, otras amantes. En 1924, cansado de todo (“Estoy harto”, le escribió a su padre) decidió marchar a Tahití sin avisarlo a nadie. Y aunque Gala se reunió con él, lo hizo trayéndose consigo a Max Ernst, viviendo todos así a un triángulo amoroso que, esta vez, fue demasiado para los nervios del amante, que, fruto de la situación, decidió marcharse. Es más, cuando Paul regresó a París tiempo después, ambos acabaron peleándose, tal y como el poeta manifestó en una carta: “Anoche, en casa de Breton me peleé con el cerdo de Max Ernst, o más bien me dio él de repente un puñetazo bastante fuerte en un ojo (...). Estoy espantosamente triste, abandonado (...). Entre Max y yo, qué miserable argumento: un puñetazo en el ojo, bien dado”.  Empero, no iba a ser Ernst el causante de la ruptura definitiva de Paul y Gala.

Gala y Paul en Cadaqués (Gerona) 

LA LLEGADA DE DALÍ Y LA SOLEDAD DE PAUL

Todo, porque Paul decidió ir a Cadaqués (Gerona) tras aceptar la invitación hecha por un pintor que, poco a poco, iba haciéndose un hueco entre la intelectualidad europea: Salvador Dalí. Allí el español se enamoró perdidamente de Gala, y aunque al principio esta no pareció interesada, pues le pareció un joven demasiado excéntrico, al final, y pese a la diferencia de edad, ambos empezaron una relación. Tras más de diez años, el matrimonio estaba condenado a romperse. Pese a las desesperadas cartas que entonces Paul escribió a su esposa el poeta francés: “Gala –decía en febrero de 1930- , si se me ocurre pensar que todo puede haber terminado entre nosotros, soy en verdad como un condenado a muerte, y a qué muerte. Mi niña pequeña, ¿uándo volverás? Ahora estoy bien. Pero escríbeme. Te cubro de besos”. Y un mes más tarde: “¡Me daban ganas de irte a buscar a Barcelona! Ten la seguridad de que te amo, de que te deseo todo cuanto tú desees. Pienso en ti incesantemente, cada minuto. (...) Saludos amistosos a Dalí. Te adoro. Puedes estar tranquila siempre”.

Salvador Dalí, Gala, Paul y María Benz (Nusch Éluard) 

Desde entonces, Gala y Dalí estuvieron siempre juntos. Ella se convirtió, nuevamente, en la musa de un artista, además de en la mujer que hasta su muerte en 1982 acompañó al pintor. Paul, por su parte, tras un periodo en que se aisló, desesperado, del mundo, continuó escribiendo. Se enamoró otra vez, de María Benz “Nusch”, artista de music hall y musa de artistas como Pablo Picasso o Man Ray, y vivió unos años en los cuales volvió a ser nuevamente feliz (de hecho, calificó ese tiempo como el mejor periodo de su vida). Luego estalló la Segunda Guerra Mundial y se integró en la resistencia francesa, creando entretanto el poema antinazi más importante e influyente de la época, “Libertad”. Moriría, joven, a los 56 años, en 1952, dejando atrás uno de los legados poéticos más hermosos de la literatura francesa.