martes, 29 de noviembre de 2022 16:01h.

Alexander Selkirk, el hombre que (dicen) inspiró a Daniel Defoe para escribir 'Robinson Crusoe'

El 2 de febrero de 1709 se rescató en una isla del Pacífico al marino Alexander Selkirk, el hombre cuya historia, dicen, inspiró a Daniel Defoe para escribir su Robinson Crusoe. Pero, ¿quién era este escocés, de fuerte carácter, que pasó su vida en la mar y que participó como corsario en los conflictos navales que Inglaterra sostuvo contra los partidarios borbónicos en la guerra de sucesión española?

Detalle de uno de los dibujos
Uno de los dibujos que le dedicaron a Selkirk en el s.XIX (Fuente: Wikipedia)

Si algo había caracterizado al escocés Alexander Selkirk (1676-1721) desde su juventud había sido su carácter rebelde. De hecho, la primera noticia que tenemos de él fue cuando, con 17 años, tuvo que abandonar su localidad natal, Lower Largo, en Escocia, por su “conducta indecente en una iglesia”. Algo que le había motivado a trabajar como marino, oficio este que conocía bien desde que siendo niño había visto a los pescadores que se adentraban en las aguas para ganarse el sustento. 

Aquel oficio hizo que Selkirk navegara por muy distintos lugares del mundo. Aprendió las artes de la navegación, los negocios de los pescadores y las circunstancias de los lugares que visitaba. También, a conocer las circunstancias de la guerra en la mar. Sobre todo, después de que a comienzos del siglo XVIII comenzara la Guerra de Sucesión Española, e Inglaterra tomara partido a favor del bando austracista. Y es que a raíz de ello Alexander se unió al corsario del gobierno británico William Dampier (hombre que, además, era escritor, botánico y observador científico), destacando tanto por sus labores que pronto se convirtió en el segundo de a bordo de uno de los barcos de Dampier, el “Cinque Ports”. Un periodo de su vida novelesco que discurrió entre viajes, tormentas y combates contra los franceses y los españoles que le llevaron, incluso, a tratar de saquear, sin éxito, la ciudad minera de Santa María en Panamá.

Sin embargo, Alexander tenía un carácter fuerte y acabó chocando con el capitán de la embarcación, Thomas Stradling. Al punto de que, un día, después de atracar en la isla de Más a Tierra, en el Pacífico Sur, para reparar el barco, los dos hombres comenzaron a discutir fuertemente. Así, mientras Selkirk creía que el Cinque Ports no podría navegar por su mal estado, su capitán pensaba lo contrario. Así que, al ver que su superior no daba su brazo a torcer, Alexander decidió, enfadado, quedarse en la isla. Únicamente, con algunas ropas, una cazuela, un ejemplar de la Biblia, un cuchillo, un hacha y un mosquete. Así, vio cómo sus compañeros partían, convencido de que pronto llegaría algún barco que lo rescataría. Pero se equivocó: tuvo que esperar cuatro largos años para que eso sucediera y pudiera regresar a Gran Bretaña. Aunque, al menos, le quedó la satisfacción de haber acertado, pues como descubrió tras el rescate, el Cinque Ports se había hundido poco después de su partida, en la Isla de Malpelo, a 400 kilómetros de la costa colombiana, en donde sus supervivientes –entre ellos Stradling- habían sido aprisionados por los españoles.

Durante aquel tiempo en soledad Alexander no tuvo más remedio que aprender a sobrevivir. Cazó, pescó y construyó dos cabañas, una para dormir y otra para cocinar. Tuvo, además, la suerte de encontrar en la isla a un grupo cabras que alguien había abandonado y que le permitieron confeccionar ropa y alimentarse. También comenzó a amaestrar gatos salvajes para que rechazaran a las desagradables ratas que de vez en cuando se acercaban a sus cabañas. Hubo dos momentos, además, en que logró ver barcos que se aproximaban a la isla, pero, al ver que estaban tripulados por españoles, tuvo que huir entre la vegetación en busca de un lugar para esconderse.

Así, hasta que el 2 de febrero de 1709 vio a lo lejos un barco británico, el “Duke”, que pertenecía a otra expedición organizada por Dampier. Este fue el que lo rescató y el que le llevó de regreso a casa, en donde, poco a poco, fue descubriendo el interés que despertaba su historia y convirtiéndose en una pequeña celebridad de la época. De hecho, su historia llegó hasta el escritor Daniel Defoe, que en esas fechas comenzó por aquel entonces a construir la obra que le hizo más famoso, Robinson Crusoe, en donde narraba la historia de un náufrago solitario que tenía que aprender a sobrevivir en medio de la naturaleza. Y aunque no hay duda de que en la obra de Defoe hay otras influencias, resulta difícil que la historia de Selkirk no diera lugar a algunos de sus pasajes.

Estatua dedicada a Selkirk en Lower Largo, su localidad natal

Este texto se publicó en 1719, aunque no sabemos si Selkirk llegó a saber de él, pues solo dos años después murió en Ghana aquejado de fiebre amarilla. Y es que, tras su regreso, había retomado su vida de marino y había vuelto a las polémicas, a las peleas y a vincularse con el mundo de la piratería y el corso. Solo que, esta vez, con la mala suerte de contraer, durante sus nuevos viajes, esa enfermedad. Tenía 45 años.

Su historia, sin embargo, continuó despertando interés y pronto se publicaron nuevos libros en los que se contaban sus peripecias. Hoy día su localidad natal, Lower Largo, le tiene como uno de sus hijos más ilustres. Los visitantes, de hecho, pueden observar la casa en la que nació. También en la población se le ha dedicado una estatua de tamaño natural en que aparece él vestido con ropa hecha con piel de cabra. En un cartel se apunta, además, la dirección en la que está la isla en la que vivió durante más de cuatro años. Y que en 1966, por cierto, en su honor el gobierno chileno quiso renombrar como la isla “Robinson Crusoe”.