viernes, 07 de octubre de 2022 13:41h.

Dostoyevski, doscientos años después. La luz frente al dolor

Hoy se celebra el 200 aniversario del nacimiento de Fiódor Dostoyevski (1821-1881), uno de los grandes referentes de la literatura universal. Su trágica vida determinó gran parte de su obra, en donde el sufrimiento aparece como catarsis y las clases humildes como las principales portadoras de la salvación de la humanidad

 

Fiódor Dostoyevski
Fiódor Dostoyevski

Fue en Siberia donde Fiódor Dostoyevski fue más consciente que nunca de aquello que escribió Tennessee Williams: la dependencia que a veces se tiene de la amabilidad de los extraños. Había ido a parar a aquel lugar en 1849, con 27 años, tras conmutársele  la pena de muerte por la de trabajos forzados después de ser acusado de haber formado parte de los grupos que conspiraban contra el zar Nicolás I. Y allí, entre el frío terrible y el hambre, sintió que no podría soportar tanto sufrimiento.

Un día una niña huérfana, al observar su calamitoso aspecto, le dio todas las monedas que llevaba consigo. Y eso le sorprendió. Como lo hicieron las ayudas de un campesino llamado Marej, que solía apoyar a los prisioneros que estaban en la misma situación que él. Y esos gestos, junto a los de otros trabajadores del campo de la zona, no los olvidó. Por eso cuando en 1857logró la amnistía, tras pasar por el ejército para redimir su pena, decidió pintar en sus libros las esencias de ese pueblo campesino que, pese a su pobreza, sabía ser generoso y bueno. El resultado fue Humillados y ofendidos y Recuerdos de la casa de los muertos, o lo que es lo mismo, el inicio del Dostoyevski que todos conocemos: el social y creía que en el pobre y sufrido campesinado estaba la verdadera esencia humana. Y de este modo dejó atrás unos primeros libros que, pese a apuntar algunas de esas inquietudes, no habían recibido las buenas críticas que esperaba.

De hecho, esas vivencias difíciles iban a ser desde entonces el motor del escritor. La muerte de su esposa en 1864, con la que se había casado siete años atrás, y la de su hermano, muy poco después, le hicieron caer en una depresión de la que trató de salir escribiendo Crimen y castigo. No sin sufrir en el camino algunos problemas de ludopatía que le llevaron a acabar con todos sus ahorros. A tal punto que por sus deudas tuvo que ceder los derechos de todas sus obras y firmar con una editorial la escritura de un nuevo libro. Por eso, para terminar lo antes posible, decidió contratar a una taquígrafa llamada Anna Grigórievna Snítkina a la que, en tan solo 26 días, dictó su obra al completo. Así nació El Jugador (1866), otra de sus obras maestras, en donde quiso contar sus propias vivencias como ludópata y ahondar en las ideas que ya había apuntado en sus obras anteriores. Sobre todo, su constante búsqueda de la luz, algo en lo que debió sin duda influir su enamoramiento de Snítkina, con la que acabaría casándose en 1867.

Retrato de Fiódor Dostoyevski (1872) por Vasili Perov 

Pero eso no supuso el fin de sus problemas. La muerte de la primera hija del matrimonio volvió a llevarle a una depresión que, de nuevo, buscó superar escribiendo. Y el resultado fueron El idiota, El eterno marido y Los demonios, este último, uno de los títulos imprescindibles de su literatura y el más perfecto compendio de su toma de postura en contra de los movimientos nihilistas.

Y es que sin el sufrimiento de Dostoyevski no se entiende lo profundo de sus creaciones. Porque si sus historias son tan reales, tan palpables, es porque las vivió. Más ejemplos: el infierno familiar de Los hermanos Karamázov (1880) es el suyo propio; en Una historia desagradable (1862) el alcoholismo del general Iván Ilich Pralinski, que recuerda al de su padre, es una de las bases que mueven la trama; la epilepsia de personajes como Kiríllov en Los demonios o Myshkin en El idiota se deben a que él mismo padecía esta enfermedad… Y todo, mientras seguía buscando su propia dignidad a pesar de los muchos vicios que le desanimaban. De este modo, esperaba alcanzar su gran objetivo: hallar la respuesta que le sacara de ese mundo de tinieblas y diera sentido a todo. Y que él creyó que le llegaría profesando un cristianismo puro y acorde a sus ideas fundacionales. Ese fue su consuelo ante las desgracias, pues, pese a sus pecados, pensaba que con su obra había extendido un mensaje que podría ayudar al ser humano.

Cuando murió, en 1881, estaba totalmente arruinado, lo que no impidió que gozara de un prestigio y una fama mundial que entonces solo estaban al alcance de muy pocos. Y por eso influyó a coetáneos como Chéjov o Nietzsche (aunque, de haberlo sabido, esto habría aterrado al escritor ruso) con tanta fuerza como a muchos de los autores del siglo XX e incluso del XXI. Y es que, aunque hoy día el mundo sea muy distinto, los sentimientos y búsquedas del Dostoyevski siguen siendo un lugar común para nosotros. A fin de cuentas, las novelas no son solos los hechos, también los instintos y los sentimientos que dibujan. Por eso esa lucha contra la oscuridad y esa búsqueda de la luz de sus obras siguen tan vivas doscientos años después de su nacimiento.