martes, 29 de noviembre de 2022 16:01h.

La increíble historia del atleta olímpico Louis Zamperini, prisionero de guerra de los japoneses

El atleta estadounidense Louis Zamperini (1917-2014) soñó muchas veces con lograr el oro olímpico. En los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 sorprendió con su actuación a los alemanes y, seis años después, marchó a combatir contra Hitler. Fue el inicio de un calvario para él, que le llevó a sufrir las torturas de los campos de concentración. Su historia es una de las más sorprendentes e increíbles que hemos conocido y por ella se ganó el apodo de “inquebrantable”.

El atleta estadounidense Louis Zamperini acabó octavo en la carrera de los 5.000 metros de los históricos juegos olímpicos de Berlín de 1936, pero, pese a la mediocre posición, se ganó en la última vuelta el respeto de todo el público por el tiempo que le costó completarla: únicamente 56 segundos. Al principio de la carrera se había sentido mal –seguramente porque había comido sin medida en los días previos, al enterarse de que se la daban de forma gratuita-, pero pasado un tiempo su cuerpo había empezado a responderle y pudo así demostrar sus capacidades. De hecho, al término de todo, el propio Hitler se le acercó y le saludó diciéndole: “Ah, tú eres el chico con ese final tan rápido”. Todavía faltaban tres años para que el líder alemán invadiese Polonia y se iniciase la guerra europea. Y seis para que Zamperini se sumara al ejército de los Estados Unidos para combatirle.

Lo hizo al poco de entrar su país en el conflicto. Él mismo, en realidad, tomó la decisión de abandonar los entrenamientos y enrolarse como voluntario en la Fuerza Aérea. De este modo en 1942 marchó al Pacífico, en donde se le encomendaron misiones de gran peligro. Las últimas, en el bombardero “The Green Hornet”, en donde en una ocasión sufrió el fuego de la artillería antiaérea japonesa, tan brutal que el aparato quedó atravesado por más de 600 agujeros de bala. Aún así, este se reacondicionó y siguió volando con Zamperini. En este iba, de hecho, cuando en mayo de 1943 se dispuso a iniciar la misión de rescate que cambiaría su vida para siempre. Y es que, tras un tiempo de vuelo, los motores comenzaron a fallar y el aparato se estrelló sobre las aguas. Solo tres de los ocupantes lograron salir a flote. Entre ellos, Zamperini.

Louis Zamperini 

Los náufragos estuvieron en un bote salvavidas, a la deriva, las semanas siguientes, viviendo de los peces y pájaros que lograban atrapar y del agua de lluvia; resistiendo las tormentas y los ataques de los tiburones. Incluso llegaron a recibir los disparos de un caza japonés que, por fortuna, no les alcanzó. Y así hasta que, 47 días después del accidente, alcanzaron las islas Marshall. Justo a tiempo de ser atrapados por las tropas japonesas. Zamperini fue entonces trasladado a un campo de prisioneros y abandonado a su suerte, pues en aquel momento en los Estados Unidos le habían dado por muerto.

El atleta descubrió entonces cuán terrible era ser un prisionero de guerra. En los dos años y medio siguientes sufrió todo tipo de torturas, físicas y mentales, e incluso tuvo que soportar cómo un doctor experimentaba en su cuerpo los efectos de distintas sustancias. Aunque con quien más sufrió fue con un oficial llamado Mutsuhiro Watanabe, “El pájaro”, que desde el principio sintió un fuerte rechazo por él. Y más, porque Zamperini se mostró en todo momento terco y desafiante. En una ocasión, por ejemplo, Watanabe le obligó sostener encima de él un enorme tronco; permaneciendo así durante 37 minutos, hasta que, tras el fuerte golpe que el oficial le propinó en el estómago, el prisionero lo soltó, cayendo así este sobre su cabeza.  

Louis Zamperini mostrando el boquete realizado en un 'B-24D Liberator' durante la Segunda Guerra Mundial

Solo con la rendición de Japón, en 1945, terminó aquel calvario para Louis Zamperini. Tras ello regresó a los Estados Unidos e incluso abrigó el sueño de volver a competir en unas olimpiadas, pero al iniciar los entrenamientos descubrió que su cuerpo, tras tanto sufrimiento, ya no respondía como antes. Luego de ello vivió unos años difíciles, por efecto de sus traumas de guerra, en donde se dejó llevar por los excesos y el alcohol, hasta que, finalmente, consiguió retomar su vida. A partir de entonces se dedicó a dar charlas motivacionales para jóvenes problemáticos e incluso decidió buscar a sus torturadores para darles su perdón.

En 1984, cumplió un viejo sueño y se convirtió en relevista de la antorcha en los juegos de Los Ángeles, cosa que repitió en Atlanta 96 y en los juegos de invierno de Nagano de 1998, con 81 años, realizando un recorrido que, por cierto, le hizo pasar cerca de  uno de los campos en donde le habían torturado. Fallecería en 2014, pocos meses antes del estreno de una inspiradora película basada en su vida que dirigió Angelina Jolie y guionizaron los hermanos Coen que se llamó, en homenaje a su increíble fortaleza, “Unbroken” (“inquebrantable”).