martes, 28 de junio de 2022 20:38h.

Jean Harlow, la escandalosa y trágica vida de la primera gran “sex symbol” de Hollywood

Por ella muchas mujeres de la década de 1930 se tiñeron el cabello de rubio platino. Jean Harlow (1911-1937) se convirtió desde su primera película en un icono, además del primer gran sex symbol de la historia del cine. Su forma de ser, su vida y su visión desinhibida de lo femenino le valieron tantos admiradores como detractores. Su prematuro fallecimiento contribuyó a hacer más intensa su leyenda.
Jean Harlow
Jean Harlow

La popularidad le llegó pronto a Jean Harlow. Como todo lo demás. A los 16 ya se había casado. A los 18, estaba divorciada. A los 20 contrajo de nuevo matrimonio, esta vez, con un ejecutivo de la Metro llamado Paul Bern que le doblaba la edad. Y a los 21 ya era viuda. Su esposo se suicidó en oscuras circunstancias, generando teorías de todo tipo, más aún tras descubrirse que cuando se había unido a Jean ya estaba casado con una mujer con quien había tenido un encuentro la misma noche de su muerte. Una historia escabrosa que lo fue aún más cuando unos días después se descubrió el cadáver de esa primera esposa flotando en un río.

Son solo algunos detalles de los muchos que pueblan la convulsa y corta vida de Jean Harlow, el primer gran icono sexual femenino de la historia del cine. Había llegado a la fama después de que Howard Hughes le diera un papel en la película Los ángeles del infierno (1930), la cual, pese a valerle malas críticas como actriz –“horrible”, dijeron algunos- le trajo el apoyo total del público por su físico y desparpajo. Por eso desde ese estreno varios estudios se interesaron en ella, entre ellos, la Metro Goldwyn Mayer, que pronto hizo de ella una gran estrella. En 1931 rodó Goldie junto a Spencer Tracy, casi a la par que el clásico El enemigo público, con James Cagney; aunque fue la comedia La pelirroja, de 1932, la que ayudó a conformar su leyenda gracias a un papel perfecto para ella: el de una mujer ambiciosa que trataba de medrar socialmente a través de sus varios amantes. Desde entonces apareció habitualmente en la prensa amarilla de los años treinta, que buscó difundir de ella su imagen de mujer fatal. 


Jean Harlow para la portada de la revista Time, 19 de agosto de 1935

Tras ello rodó Tierra de pasión, la primera de sus colaboraciones con –su también amante- Clark Gable, durante la cual sobrevino el suicidio de su  marido; y luego un gran número de títulos, entre ellos, Tú eres mío (1933), Cena a las ocho (1933), Bombshell (1933), Mares de China (1935), Suzy (1936) y Los enredos de una dama  (1936). Todo, entre nuevos noviazgos, maridos y escándalos, como el protagonizado con el boxeador –casado- Max Bauer, por el que la mujer de este acusó públicamente a Jean de tratar de romper su matrimonio.  


Cary Grant, Jean Harlow y Franchot Tone en Suzy (1936)

Su prematura muerte, con tan solo 26 años, ofreció elementos llamativamente dramáticos. Un día de mayo de 1937, mientras rodaba Saratoga con Clark Gable, se desmayó en el plató. Había arrastrado problemas de salud desde niña, aunque se considera posible que el maltrato físico sufrido a manos de Paul Bern durante su corto matrimonio empeorara su estado. Enferma, fue a casa de su madre, una mujer de la  Iglesia de la Ciencia Cristiana, la cual pese a la gravedad de la situación se negó a llamar a médicos para tratarla afirmando que bastaba el poder de la oración. Así, pasaron los días, y cuando finalmente accedió a llevar a su hija a un hospital fue demasiado tarde. El 7 de junio Jean falleció tras sufrir una insuficiencia renal.

Jean Harlow y Clark Gable en Saratoga (1937)

Muchos pusieron en duda esta versión oficial, llegando a decirse que había sido envenenada por orden de la Mafia. Su última película fue Saratoga, que los productores concluyeron utilizando dobles de su cuerpo y voz. De hecho, aprovecharon la circunstancia para estrenar el título en los cines a tan solo dos meses de su fallecimiento. En tal contexto, el público acudió masivamente a verla e hizo de esta película el mayor éxito de toda la carrera de Jean.

Su muerte dejó un gran vacío en la industria que solo se cubrió años después con la llegada de otra rubia platino: Marilyn Monroe. Otra mujer a quien aguardaba un destino igualmente trágico.