02:04h. viernes, 20 de mayo de 2022

“Nellie Bly”, la reportera que cumplió el reto de Julio Verne y entró en la historia del periodismo

La historia de Elizabeth Jane Cochran, “Nellie Bly”, es una de las más fascinantes del mundo del periodismo. Durante su carrera contestó directamente a los tópicos, emprendió reportajes que solo se daban a los varones y se atrevió a experimentar de primera mano aquello que investigaba (por ello ingresó, incluso, como paciente en un asilo para enfermos mentales). 

Nellie Bly
Nellie Bly

Elizabeth Jane Cochran llegó al mundo del periodismo por una casualidad. Un día, tras leer en el periódico Pittsburgh Dispatch un artículo que le pareció sexista, escribió una carta de protesta con el seudónimo de “la solitaria huérfana”. Solo esperaba hacer público su enfado, sin imaginar lo que sucedería luego: al poco, el periódico incluía un anuncio en donde pedía a la autora del texto que se pusiera en contacto con su oficina. Sorprendida, así hizo. Fue entonces cuando le dijeron que al director le había gustado tanto el contenido y la narración del artículo que deseaba ofrecerle un trabajo. Así fue como Elizabeth se convirtió en “Nellie Bly”, el nombre –tomado de una canción de Stephen Foster- con el que iba a alcanzar la popularidad más allá de las fronteras.

Elizabeth –que entonces tenía unos veinte años- había nacido en Pensilvania en el seno de una familia modesta. Había tratado de cursar estudios superiores, llegando a entrar en 1879 en universidad, pero los problemas económicos de su padre le obligaron a desistir de tales empeños. Su llegada al Pittsburgh Dispatch fue para ella un sueño cumplido, aunque no por eso pareció conformarse: poco después marchó a Nueva York en busca de un periódico más importante, y allí logró que el New York World de Joseph Pulitzer se fijara en ella.

Ya en el primer artículo para este medio Nellie demostró lo que era capaz de hacer, pues, como le solicitaron que hablara de un asilo psiquiátrico para mujeres, esta, en lugar de limitarse a hacer algunas entrevistas, realizó algo sorprendente: fingió tener problemas mentales e ingresó en el manicomio de Blackwell’s Island, viviendo desde entonces en el centro como si fuera una paciente más. Fue una experiencia terrible durante la cual conoció de primera mano las nefastas condiciones que vivían esas mujeres, sometidas a maltratos y abusos constantes, y cuya historia plasmaría en su reportaje Diez días en un manicomio. Fue, de hecho, tan escandaloso y trascendente este relato, tanto conmovió a la opinión pública, que a partir de ese momento las autoridades sanitarias se vieron obligadas a tomar medidas para mejorar la asistencia de los pacientes.

Imagen del asilo de Blackwell's Island

El artículo dejó las bases de su estilo: un periodismo basado en la observación directa y muy atento a la situación de los desfavorecidos, atendiendo especialmente a los asuntos femeninos, pues también reivindicó siempre la igualdad entre hombres y mujeres. De hecho, fue habitual que buscara realizar artículos y reportajes generalmente vinculados a los varones. Incluido el que propuso en 1888 a World y acabó dándole fama mundial: un reportaje de viajes alrededor del mundo en el cual se demostrara que era posible poner en práctica la novela de Julio Verne, La vuelta al mundo en ochenta días (1872). Y es que, aunque a los editores les gustó la idea, creyeron aquella tarea más propia de un hombre, pues les resultaba escandaloso ver a una mujer viajando sola. Además, como dijeron a Nellie, ella viajaría con mucho más equipaje que un varón. Palabras que, por supuesto, enfadaron a Elizabeth, quien afirmó que, en tal caso, ella haría el viaje patrocinada por otros periódicos. De este modo, tras algunos debates, los editores aceptaron la propuesta y Nellie partió de Nueva York, únicamente con la ropa que llevaba puesta, un abrigo, varias mudas de ropa interior y una pequeña bolsa con sus artículos de tocador.   

Nellie Bly a finales de la década de 1880

Desde entonces, el mundo estuvo atento a si lograba el reto o no, incluido el mismísimo Julio Verne, quien al conocer a Elizabeth durante su escala en Amiens le dijo con escepticismo: “Señorita, si es usted capaz de hacerlo en 79 días, yo la felicitaré públicamente”. Al final, el 25 de enero de 1890, 72 días, seis horas y once minutos después, Nelly alcanzó Nueva York. Con una semana de adelanto. La prensa mundial se hizo eco de su hazaña, destacando –por la sorpresa que les suponía-, que lo había hecho todo sin el apoyo de hombre alguno.

Portada del juego de mesa que apareció en 1890 y que da cuenta de la fama de Nellie Bly

Poco después, sin embargo, Nellie hizo público su compromiso con Robert Seaman y abandonó el periodismo. Aunque eso no significó que dejara la actividad, pues se interesó en los asuntos de la empresa de fabricación de acero de su marido y cuando este falleció, en 1904, tras sufrir un accidente, se hizo cargo totalmente de sus negocios. Hizo, además, entonces un gesto que le volvió a dar popularidad: mejoró los salarios de los trabajadores, así como sus horarios, y emprendió reformar sanitarias. Sin embargo, las cosas no le fueron bien, y como añoraba las labores de su oficio, decidió regresar al periodismo. Y lo hizo, como siempre, sin hacer concesiones. Desde entonces escribió numerosos artículos de denuncia, así como textos a favor del sufragio femenino, e incluso viajó a Europa durante la Primera Guerra Mundial para ejercer como reportera en el Frente Oriental, convirtiéndose en una de las primeras periodistas en realizar ese tipo de tareas.

Desafortunadamente, a principios de 1922 todo se torció, pues Elizabeth cayó enferma a consecuencia de una neumonía que ya no pudo superar. Moriría el 27 de enero, tras haber desempeñado, por su labor como Nellie Bly, un papel fundamental en la historia del periodismo.