miércoles, 28 de septiembre de 2022 06:32h.

El rodaje en España de “Por un puñado de dólares”, la película que lanzó a la fama a Clint Eastwood y a Sergio Leone

Hoy, aprovechando el aniversario de Sergio Leone, recordamos algunas de las circunstancias que rodearon la caótica filmación en España de su obra Por un puñado de dólares, la película que le convirtió en un director famoso y que hizo de Clint Eastwood una estrella.

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Sergio Leone, con sus dos hijas, y Clint Eastwood

A principios de los sesenta Sergio Leone era un director sin demasiada relevancia que soñaba con hallar a un actor de renombre para el gran proyecto que tenía en mente: una película que había escrito junto algunos compañeros y que tenía el poco atractivo título de “El magnífico extranjero”. Lo había intentado con Henry Fonda, pero este se había negado. Lo había intentado con Charles Bronson y tampoco había aceptado. Y lo había intentado con James Coburn y el resultado había sido el mismo.

Fue entonces cuando se lo pasó a un tal Clint Eastwood, un actor que había pasado por el cine sin pena ni gloria y cuyo mayor éxito había sido una serie de televisión, pero que a Leone gustó por su imponente presencia y su rostro frío. Y esta vez sí logró una respuesta positiva. Y eso que Eastwood, al leer el texto, pésimamente traducido al inglés, consideró que le estaban ofreciendo una absoluta basura. Pero, como no tenía otras ofertas y tenía que ganarse la vida limpiando piscinas y ejerciendo de guardia forestal, decidió aceptar. Además, aquello le permitiría viajar a España, en donde iba tener lugar el rodaje, y para él era una oportunidad de viajar a un continente que no conocía.

En las semanas siguientes Eastwood se arrepintió varias veces de esta decisión. Y es que, como demuestra el periodista y escritor Francisco Reyero en su libro Eastwood. Desde que mi nombre me defiende, la filmación fue tan caótica como desastrosa. Muchas veces los actores tenían que trabajar de diez a doce horas seguidas. Y además la productora, que sufría problemas económicos, no podía pagar los sueldos convenidos (algunos empleados nunca recibieron la cifra prometida). De  hecho, a veces Leone tenía que tomar el equipo prestado de otras producciones que rodaban por la zona, porque ni siquiera contaba con los medios mínimos. Ni siquiera tenía un megáfono, y por eso, hablaba a chillidos a sus actores y empleados. En un idioma que, a veces, algunos ni siquiera entendían. Porque el rodaje se realizaba en el lenguaje natal de cada uno. Así, podía pasar que Clint hablara en inglés, un tabernero le contestara en español (como todos los extras de la película, que venían de los pueblos cercanos) y otro actor le diera una réplica en italiano. Y era tal el estrés que todos estaban tensos, al punto de que el propio Eastwood estuvo a punto, varias veces, de abandonarlo todo y regresar a Estados Unidos, teniendo que convencerle, entre súplicas, el propio Leone, para que desistiera. Y cuando llegaba el final del día, todos se peleaban para ocupar un buen asiento en el vehículo de regreso. También Eastwood, que a veces, al no conseguirlo, debía quedarse al fondo del todo, cargando con el material de los eléctricos.

El bueno, el feo y el malo también se rodó en España. Y dejó esta llamativa fotografía, con Clint Eastwood, Lee Van Cleef y un guardia civil

Cuando terminó todo, el actor estadounidense, sin expectativa alguna de que aquel trabajo tuviera repercusión, regresó a casa. Y siguió buscando nuevos papeles, a la espera del estreno y encontrándose con la indiferencia de la industria cinematográfica. Hasta que un día se enteró de que se había estrenado en Europa un wéstern de gran éxito que se llamaba Por un puñado de dólares. Y eso le hizo pensar que, quizá, también su película podría interesar a alguien. Para luego, poco después, descubrir con gran sorpresa que aquel Por un puñado de dólares era el film que él había rodado como “El magnífico extranjero” y que, en aquel momento, era famoso en Europa. Por eso aceptó rodar dos películas más con Leone hasta conformar la llamada “trilogía del dólar”. Películas que pronto se convirtieron en unas clásicas ineludibles y a las que puso música un amigo de la infancia de Leone: Ennio Morricone, que crearía con ello una de las bandas sonoras más míticas y famosas de la historia del cine.  

a relación entre Eastwood y Leone no sobrevivió a esas experiencias (tiempo después, el segundo diría, con malicia, que el actor solo tenía dos expresiones: con sombrero y sin sombrero). Pero esos años sirvieron para que Eastwood lograra el impulso que siempre había deseado y pudiera convertirse en uno de los actores y directores más importantes de Hollywood. Sergio Leone, por su parte, aprovechó el éxito para rodar algunas películas más, incluida la obra que había sido su gran ambición, Érase una vez en América, que estrenó en 1984 con Robert de Niro como protagonista. Fue, de hecho, su último trabajo, como también fue la mayor de sus decepciones. Principalmente, porque la historia que había rodado, de unas ocho horas, quedó reducida a tan solo dos tras pasar por la tijera de los productores, que con ello le quitaron gran parte de su sentido. Solo el paso del tiempo y la proyección de versiones con el metraje más extenso (la versión europea es de casi cuatro horas) permitieron que muchos empezaran a considerar ese trabajo como su verdadera obra maestra.

Aún así, las películas más famosas de Leone y que más referencias ofrecerían en la cultura popular serían las que conformaron esa trilogía del dólar. Las mismas que se iniciaron con una película en las que nadie, excepto Leone, confiaba. Fallecería el 30 de abril de 1989.