martes, 28 de junio de 2022 20:38h.

‘La cabaña del tío Tom’, el libro que Abraham Lincoln señaló como el causante de la guerra de secesión

En 1851 apareció al público el primer capítulo de La Cabaña del tío Tom, de Harriet Beecher Stowe (1811-1896). La obra, para sorpresa de muchos, se convertiría en la segunda más vendida de los Estados Unidos de todo el siglo XIX, solo por detrás de la Biblia. Su mensaje antiesclavista y sus personajes lograron impactar a una sociedad que reaccionó ante su publicación de muy distintos modos: desde posicionándose a favor a enviando amenazas de muerte a su autora.
Harriet Beecher Stowe y la portada de la primera edición de La cabaña del tío Tom
Harriet Beecher Stowe y la portada de la primera edición de La cabaña del tío Tom

“¡Así que usted es la pequeña mujer que escribió el libro que inició esta gran guerra!”, dicen que exclamó el presidente Abraham Lincoln al conocer en 1862 a la escritora Harriet Beecher Stowe. Sin duda, el mejor de los halagos que en esos momentos se le podían ocurrir al líder estadounidense, convencido de que la escritora era una de las responsables de que gran parte de sus compatriotas entendieran la necesidad de eliminar la esclavitud y atender la terrible situación de la población negra.

Sí, por supuesto, las palabras eran una exageración y tapaban los muchos motivos que habían dado origen a la cruenta guerra de secesión, entre ellos, los económicos, pero eso no le restaba razón. Desde que en 1851 el periódico The National Era había publicado el primer capítulo de La cabaña del tío Tom muchos habían sido conscientes de la deshumanización del sistema que estructuraba a los Estados Unidos. Más aún, cuando al año siguiente se publicó el libro al completo y se convirtió en un éxito tan importante que solo la Biblia pudo competirle en ventas. Hito al que se suma el hecho de proceder de una pluma femenina, pues entonces las escritoras estaban tan mal consideradas que rara vez lograban un éxito comercial.  


Imagen de la primera edición de La cabaña del tío Tom. Aquí Cassy, otra de las esclavas de Legree, atiende al tío Tom después de sufrir los latigazos.

Esta obra narra la historia de Tom, un hombre de raza negra y excelentes sentimientos a quien venden a un traficante de esclavos y se ve obligado a servir a distintos amos violentos. El lector asiste así, a episodios de gran impacto, como aquel en donde el protagonista es azotado por dos hombres que tratan de congratularse con su amo, el cruel hacendado Legrée. Harriet, además, no olvidaba hablar de la situación de la mujer, presentando a personajes como el de Eliza, que en la novela trata de huir de sus amos para salvar a su hijo y con la que la autora ofrecía una reflexión sobre la maternidad y la capacidad de las mujeres de construir un mundo más justo. Esperanza, además, que ofrecía igual en otros personajes luminosos, como la niña blanca que quiere a los esclavos y los amos que pese a formar parte del sistema son capaces de expresar su bondad. 


Tío Tom y la pequeña Eva, pintura realizada por Edwin Longsden (1866)

La lectura de La cabaña del tío Tom puede, sin embargo, chocar hoy día en algunos aspectos por ser, como toda obra, hija de su época, cuando el racismo estaba tan normalizado que se dejaba ver hasta entre los antiesclavistas más radicales. De allí algunos puntos que bajo la óptica actual puedan resultar controvertidos, como la pasividad con la cual Harriet pinta a Tom, algunas descripciones del libro en torno a las comunidades negras o la forma cómo reproduce su habla, además de la ausencia de una condena más explícita del racismo. Aún así, centrarse en ellos supondría dar a la obra una mirada anacrónica e incurrir en un grave error de contextualización.


La novela ha sido llevada a la pantalla en varias ocasiones. Esta imagen pertenece a la de 1965, dirigida Géza von Radványi y protagonizada por John Kitzmiller (a la derecha del todo)

La cabaña del tío Tom hay, pues, que recordarlo como uno de los más importantes ejemplos del debate que en el XIX se dio en torno a la situación de los afroamericanos, dándole además valor por haber puesto voz, al fin, a una raza explotada, profundizando en sus sentimientos y creencias. De hecho, fue esa humanización lo que llevó a la autora a ganarse el repudio de muchos de sus compatriotas, que le amenazaron por su labor, enviándole incluso por correo la oreja cortada de un esclavo. Pero ella sostuvo todos los golpes y siguió escribiendo y planteando cuestiones sobre la vida humana, el respeto y la necesidad de ofrecer la libertad para todos los seres humanos, difundiendo además sus fuertes convicciones religiosas, rasgo este común a toda su literatura.

Ninguna de las novelas siguientes de Harriet, pese a ser también interesantes, repitió el éxito de la primera. Algo que, desde luego, dada su magnitud resulta lógico. A fin de cuentas, hay muy pocas obras en la historia de la literatura que, como La cabaña del tío Tom, hayan sido capaces de influir en el pensamiento de una sociedad hasta formar parte de sus motores de cambio. Y menos, con la calidad de esta.