miércoles, 29 de junio de 2022 00:00h.

James Joyce, Nora Barnacle y el 'Ulises'

Nabokov sintetizó el Ulises de James Joyce (1882-1931) como “la descripción de un solo día”. Un concepto que permitió a su autor romper con los viejos cánones literarios y escribir la que está considerada como una de las novelas más importantes del siglo XX. La fecha elegida, 16 de junio, es además un tributo a su pareja, Nora Barnacle (1884-1951), pues fue entonces cuando la conoció. Ambos estuvieron juntos desde ese momento pese a los distintos problemas que tuvieron que sufrir, entre ellos el alcoholismo de Joyce y una hija enferma
Joyce, Nora y sus dos hijos, Lucía y Giorgio
Joyce, Nora y sus dos hijos, Lucía y Giorgio

James Joyce es hoy día uno de los grandes iconos de Dublín. La ciudad se rinde al escritor, erige monumentos en su memoria e incluso le dedica anualmente el “Bloomsday” para recordar su Ulises. Los celebrantes durante esa fecha siguen el recorrido de los personajes de la novela, visitan la torre Martello en la bahía de Sandycoove, van al Saint Stephen Green y pasan por la avenida O’ Connell, el Trinity College, Graffon Street y las muchas tabernas de sus calles. Y tanto buscan recrear el libro que hasta se sirven las comidas y cenas de sus personajes.

Sorprende, sin embargo, tal fama cuando estamos ante la que es sin duda una de las obras más complejas de la historia de la literatura. Un texto, escrito entre 1914 y 1921, que exige al lector un estudio previo: por sus referencias clásicas (la más directa, la Odisea), sus citas, su simbolismo, sus parodias y sátiras de otros libros, los minuciosos detalles en torno a Dublín, sus frases en latín –entremezcladas con jerga y palabras gruesas-; sus referencias históricas o los fragmentos que rozan el género ensayístico. Todo un universo literario que parte de las circunstancias de sus tres protagonistas, Leopold Bloom, su esposa Molly y el joven Stephen Dedalus

Sin embargo todo aquello, que ocupa según ediciones alrededor de 750 páginas, tiene lugar en tan solo 24 horas. Las del día 16 de junio. Fecha con la que el escritor hace un tributo de amor a su pareja, Nora Barnacle, pues fue entonces cuando se conocieron. Era 1904 y entonces James tenía 22 años y ella 20. Él la vio recorrer la orilla del río Liffey, en Dublín, y enseguida se sintió atraído. Era alta, de cabello pelirrojo, elegante y llena de vida. Y, a medida que fue conociéndola, vio en ella a la mujer perfecta para él. Una compañera con quien podía hablar, que no ponía límites para el sexo –James estaba ansioso por experimentar- y con la capacidad de aplacar sus momentos de desánimo. Desde entonces, ya no se separaron. Aunque solo en 1931 decidieron casarse para evitar que sus hijos fueran declarados ilegítimos.

James Joyce y su hija Lucía

Joyce escribió sus libros más famosos con Nora a su lado. Ya ese mismo 1904 inició la redacción de Dublineses, su primer libro de cuentos, aunque fue en Ulises donde quedó más patente su influencia, sobre todo, en el personaje de Molly Bloom, un alter ego de su esposa. Tanto, que Nora vio con desagrado esa novela, pues no le gustaba verse retratada de ese modo por su marido (de hecho, solo llegó a leer las primeras páginas). Si hubiera profundizado más habría observado, además, cómo este señalaba algunos de los conflictos personales de la pareja, originados, la mayor parte, por sus dificultades económicas, las infidelidades y, sobre todo, el irreparable alcoholismo de James.

Los años, además, añadieron nuevos problemas. Primero, porque Joyce se desilusionó al comprobar el rechazo que despertó Ulises, sobre todo, en los Estados Unidos, en donde fue prohibido tras ser calificado como un libro obsceno; pero, sobre todo por la situación familiar, agravada después de que su hija Lucía desarrollara esquizofrenia, sin que nadie pudiera mejorar su situación. Ni siquiera el mismo Carl Gustav Jung, que se ofreció a tratarla.

Al menos, Joyce pudo ver en sus últimos años cómo Ulises lograba superar las censuras y ganar más reconocimientos. Tanto que, al final, hasta los más reticentes comprobaron la forma en que su texto sobrevivía a toda moda, precisamente, por resultar único y su don de permanecer ajeno a todo dogma, sentando sus propias bases y su propio tiempo. Luego, otros tomaron algunas de sus ideas, su intimismo y su forma de destruir los modelos y convenciones, y contribuyeron a la aparición de nuevas vías narrativas. Por eso algunos autores han señalado 1922, la fecha de publicación de esta obra –y de La tierra baldía, de T.S. Eliot, además de la muerte de Proust-, como el año en que cambió el canon literario. Reconocimiento que, desafortunadamente, su autor no tuvo oportunidad de disfrutar tan profundamente como merecía. Fallecería un 13 de enero de 1941, casi ciego y viviendo de lo que su ingenio lograba procurarle.

Nora, que le sobrevivió diez años, alejada de su familia (la hija acabó recluida y el hijo, Giorgio, heredó el alcoholismo de su padre), tuvo más tiempo para comprobar la influencia de su marido en el mundo literario, si bien, a cambio, la historia no iba a ser justa con ella: los estudiosos de la obra de Joyce la pintaron como una mujer analfabeta que no le supo valorar como autor, juzgándole, además, desde una perspectiva moral. Pero, como demostró la periodista Brenda Maddox en Nora: the real life of Molly Bloom, la realidad fue muy distinta y basta con leer las cartas que ella escribió para deshacer buena parte de los tópicos. Sí, la historia de la pareja no fue de un romanticismo convencional, como tampoco lo fueron sus –extrañas- filias sexuales, pero eso no invalida los sentimientos que ambos se tuvieron. Ni, tampoco, el amor que dejó Joyce en el Ulises hacia su esposa: la mujer con que construyó a Molly Bloom.