martes, 28 de mayo de 2024 00:03h.

'La viuda', la novela olvidada de José Saramago, al fin en español

Alfaguara publica, por primera vez en español, la opera prima de José Saramago, La viuda. Un texto que el autor portugués publicó en 1947 y que pasó totalmente desapercibido, pero que ofrece interés suficiente para el mercado actual. Es un perfecto anticipo para el año 2022, en que se celebrará su centenario.

El José Saramago de 1947 era un joven tímido e introvertido que soñaba con ser escritor y que creía que su primera novela, a la que había titulado “La viuda”, le permitiría abrir las puertas de aquel mundo. Se equivocó. Al final, como muchos otros escritores noveles, vio como su libro pasaba desapercibido y que la ilusión de vivir de su arte iba a tener que, en el mejor de los casos, esperar. Sí, al menos le quedó la satisfacción de haber conseguido esto con tan solo 24 años, y más a sabiendas de que muy poco tiempo atrás nadie hubiera esperado eso de él. A fin de cuentas, había nacido en 1922 en una familia humilde de campesinos y no había tenido muchas oportunidades de formarse. De hecho, cuando escribió el libro trabajaba, tal y como él mismo explicó en el prólogo del título, de “escribiente en los servicios administrativos de los Hospitales Civiles de Lisboa”, tras más de “un año como aprendiz de cerrajería mecánica” en los talleres de esa misma entidad.   

“La viuda” fue el título original que Saramago propuso al editor, pero este no lo consideró atractivo y decidió ponerle el de “Tierra de pecado”, creyendo que eso le procuraría unas cuantas ventas más. Este no gustó a Saramago, pero igual aceptó, en parte por su juventud y su falta de experiencia, pero también porque aquel hombre había confiado en su obra y sentía que se lo debía. Y así, sin establecer nada más que un acuerdo verbal, entregó su novela y se marchó. Sin contrato y sin saber que nunca iba a recibir nada de dinero por ella.  

La mala experiencia casi acabó con su carrera literaria, más aún, porque el siguiente libro que hacia 1953 escribió, Claraboya, interesó tan poco a las editoriales que ni siquiera le dieron una carta de respuesta. Hubo que esperar a 1977, exactamente treinta años después de “La viuda”, para que se diera una nueva oportunidad literaria y publicara su Manual de pintura y caligrafía, en donde ya se reveló como un pensador maduro dotado de unas concepciones y un compromiso ideológico muy específicos. Rasgos que demostró en la que fue su primera obra maestra, Levantado del suelo (1980), en donde narraba la miseria de los campesinos portugueses en las décadas previas a la Revolución de los Claveles. Luego llegarían títulos como Memorial del convento (1982) o el hermoso El año de la muerte de Ricardo Reis (1984), que son la demostración de que ya había consolidado su visión literaria y su prosa poética; además del polémico El Evangelio según Jesucristo (1991) y los exitosos Ensayo sobre la ceguera (1995) y Todos los nombres (1997), que tanto ayudaron a que en 1998 ganara el premio Nobel.

Al lado de todas estas obras, La viuda deja ver sus costuras y carencias, pero igual su planteamiento permite observar algunos de los rasgos del futuro Saramago, que retrata en su obra el mundo campesino portugués a través de un gran personaje, la viuda María Leonor, que tras perder a su marido y sufrir una depresión se ve a obligada a encarar una nueva vida y las obligaciones de su hacienda en el Alentejo. Todo, para que Saramago reflexione sobre la sociedad que le rodea, el amor, la soledad y los deseos, y se atreva a indagar en la visión de una mujer de la época, con las contradicciones entre lo que desea y lo que le impone su entorno.

Al final, La viuda es un trabajo que permite aproximarnos a otras facetas de Saramago y disfrutar de los destellos que anunciaban su estilo. Y demuestra que aunque el autor portugués fue literariamente joven, igual tenía historias que contar. Un perfecto aperitivo para lo que nos espera este 2022, en que se celebrará el centenario de su nacimiento y se nos darán, sin duda, numerosas oportunidades y excusas para sumergirnos en sus textos. Y es que, se esté de acuerdo o no con él o con su ética, no hay duda de que estamos ante uno de los autores más trasgresores, originales y profundos que nacieron en el pasado siglo. Alguien con una virtud poco habitual: la capacidad de escribir títulos que permiten alimentar, sin simplismos, el espíritu crítico de sus lectores.